Este lunes se presentaba el «Estudio sobre los factores influyentes en la elección de estudios científicos, tecnológicos, ingenierías y matemáticas en Galicia», elaborado por la consultora Everis, dentro de su compromiso como empresa firmante del Pacto Tecnológico de Galicia.
La principal conclusión es que, en los próximos 5 años, los titulados de las universidades gallegas en estudios del ámbito científico-tecnológico, no será suficiente para cubrir la demanda de profesionales TIC. De los 10.000 alumnos titulados de las universidades gallegas en el 2014, solo 753 cursaron carreras de este sector.
¿Cuál es la causa de la falta de vocaciones STEM (ciencia, tecnología, ingenierías y matemáticas)? Se partió de una muestra de 5.120 estudiantes de la ESO y de Bachillerato de 40 centros educativos y se identificaron una serie de variables que influyen en los alumnos a la hora de elegir itinerario formativo: el propio alumno, el entorno educativo y el entorno social. Sobre estos mismos ámbitos, el estudio propone distintas líneas de actuación para contribuir al incremento de vocaciones TIC.
Cuestión de confianza, dificultad y género
Llama la atención que el 40% de los estudiantes no se sienten capaces de cursar este tipo de estudios; se ven capaces el 76% de alumnos y el 54% de alumnas. Esta brecha de género se refleja en el porcentaje de hombres y mujeres que escogen el bachillerato científico-tecnológico (74% de chicos y 33% de chicas).
La vocación es la principal motivación para la elección del ámbito de estudios (92%), seguida de la utilidad y la facilidad. La facilidad es lo que lleva a cerca del 60% de los alumnos, a escoger un bachillerato distinto al científico.
El informe desarrolla la influenza del entorno próximo, educativo y social. Importan las opiniones de padres y madres y la imagen de excesiva dificultad de este tipo de estudios. Se concluye que se necesita desarrollar acciones que suavicen la percepción de dificultad de estas carreras y que pongan en valor la relación coste-beneficio de desarrollarlas.
Por último, también conviene redefinir las colaboraciones escuela-universidad-empresa. Los alumnos demandan información sobre las distintas profesiones y muchos de ellos no relacionan estos estudios con profesiones bien remuneradas o con un impacto social importante.


