A finales de septiembre saltaba a la actualidad la controversia generada por la publicación del libro Atrapados, de Nicholas Carr. Se trata de un ensayo en el que Carr vuelve a reflexionar sobre las consecuencias nocivas del uso de la tecnología (ya lo había hecho en el 2012 en la obra Superficiales). Mercedes Cebrián en El País analiza el libro y nos tranquiliza antes de que afrontemos su lectura.
Para advertirnos de los peligros de la automatización, el autor comienza repasando otros discursos similares de los siglos XIX y XX y nos recuerda que el miedo a los avances tecnológicos no es nuevo. Su preocupación, como nos indica Mercedes Cebrián es ética: él es usuario de nuevas tecnologías pero teme que dejemos de sentir las herramientas tecnológicas como una parte de nosotros y nos volvamos sus esclavos. Además considera que la suma ser humano más tecnología puede dar como resultado la pérdida de algunas capacidades que transferimos a los dispositivos tecnológicos.
Para Carr el valor de una herramienta no es sólo lo que es capaz de producir para nosotros sino lo que produce en nosotros.
Después de la publicación de Atrapados, Él País buscó la opinión del experto en nuevas tecnologías Enrique Dans. Dans publicó un artículo titulado «No, Nick, no hemos llegado aún», en el que rebate (no es la primera vez que lo hace), los argumentos de Nicholas Carr. Considera que aún estamos viviendo la primera parte de la interacción entre ser humano y máquina y que los efectos que Carr teme se manifiestan a lo largo del tiempo. La tecnología sufre un proceso de cambio contínuo y su interacción con las personas se redefine constantemente.
Podéis echarle un ojo al artículo completo de Enrique Dans aquí y participar del debate.
Un niño que copia un trabajo en la red hace un uso incorrecto de la tecnología pero, ¿tenemos la capacidad de enseñarle a tirar provecho de los avances tecnológicos para su aprendizaje?


